6 consejos para acabar con los lloriqueos de tu hijo

La verdad, lloriqueos no es una palabra que nos guste porque está asociada negativamente. Pero bueno, sabes a qué nos referimos: ¿tu hijo llora mucho? ¿Se queja y las lágrimas acuden a sus ojos más seguido de lo que a ti te gustaría?

Hoy en Menudos Bebés, vemos algunos consejos para acabar con los lloriqueos

Llorar es una forma de expresarse totalmente válida pero ¿qué pasa cuando los niños lloriquean porque no consiguen lo que quieren? Ya hemos hablado de las famosas (y temibles) rabietas con las cuales todos los papis debemos aprender a convivir, veamos ahora algunas recomendaciones para ¡acabar con los lloriqueos!

¡Adiós lloriqueos!: 6 consejos prácticos

1. Tiempo fuera o aprender a tranquilizarse solo

No hablamos de castigos, ni de la famosa «sillita de pensar» sino de un «tiempo fuera». Es una técnica muy recomendable porque es respetuosa con el niño pero deja claro que su actitud no nos gusta. ¿Cómo funciona? Si tu hijo empieza a poner morritos, lloriquear y ves que se avecina una rabieta, pídele «tiempo fuera». Por supuesto antes debes explicarle que se trata de un tiempo para relajarse, un momento para tranquilizarse cada uno por separado (o los dos juntos, como mejor te funcione). Durante el tiempo fuera, no se puede gritar, ni pegar ni hacer nada que no sea respirar profundo y buscar maneras de encontrar el equilibrio.

Es bueno explicar a los peques que si bien nos encanta pasar tiempo con ellos, cuando se ponen irracionales y lloran, gritan y patalean sin escuchar explicaciones, preferimos no estar con ellos. Así, cuando pidamos tiempo fuera el peque tendrá dos opciones: respirar profundo, serenarse y explicar con palabras lo que siente o retirarse a donde él desee para tranquilizarse solo antes de volver y continuar con la diversión.

Cómo evitar lloriqueos infantiles
Vía: Scott Howse

2. Nunca ceder ante los lloriqueos

Es sumamente importante este punto: nunca le des a tu hijo lo que quiere cuando está en medio de una pataleta. Si lo haces, le estarás enseñando que lloriquear es una manera válida de obtener lo que quiere. Espera a que se serene y si consideras que su pedido es justo y puedes cumplírselo, deja que lo pida correctamente y entonces ¡a disfrutar juntos!

3. Un corazón feliz

Este truco lo hemos leído en internet y creemos que vale la pena ponerlo a prueba: haz con tus hijos muñecos para demostrar las emociones. A veces los lloriqueos se producen porque los niños no saben decir qué les sucede. Enséñales las emociones y cuando estén por sucumbir a los lloriqueos, recuérdales «un corazón feliz», es decir el juego de las emociones para que cojan el muñeco y con él te ayuden a entender qué les sucede.

4. Mantén la calma

Si tú no sabes autorregular tus emociones, tus hijos no tendrán un ejemplo para aprender. Respira profundo y demuéstrales que las cosas no se consiguen con lloriqueos o gritos sino conversando.

5. Conoce a tu hijo

Reconoce sus estados de ánimo antes de que los lloriqueos aparezcan. ¿Tu hijo lloriquea cuando está muy cansado? Pues ponlo a dormir la siesta antes. ¿El hambre lo pone de pésimo humor? Ten siempre a mano un aperitivo saludable para él… ¡Mejor prevenir que curar!

6. Ponte a su altura

Los lloriqueos y quejas que desencadenan una rabieta muchas veces aparecen cuando los adultos no prestamos atención a los niños. Lo sabemos, ¡hay una casa que limpiar, un trabajo que hacer, comida que cocinar…! Si tu hijo empieza a lloriquear, no lo dudes: toma un minuto, ponte a su altura (agáchate si es necesario) y míralo a los ojos. Pídele entonces que te repita tranquilo qué le sucede. Esta simple actitud puede hacer que los lloros desaparezcan.

Para terminar con los lloriqueos es importante que intentes comprender a tu pequeño, empatices con él y lo guíes hacia una mejor manera de expresar lo que siente.

Imagen principal: Heather Williams

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